En pleno centro de Santiago, a tan solo pasos de la agitada Alameda, se esconde uno de los rincones más encantadores y significativos de la capital: el Barrio París-Londres. Con su trazado sinuoso y su aire pausado, este conjunto urbano ofrece un viaje a través del tiempo, entre adoquines centenarios y fachadas que emulan la magia decorativa del Viejo Continente.
El origen de este sector se remonta a 1572, cuando los franciscanos se instalaron en las cercanías del río Mapocho y la Cañada. En este lugar se levantó la Iglesia de San Francisco, inaugurada en 1618. Este templo es el edificio más antiguo de Santiago del que se tiene registro, y ha resistido terremotos y procesos de modernización, y actualmente alberga el Museo de Arte Colonial de San Francisco, cuya colección de arte colonial es una de las más relevantes de Chile.
En 1857, el sector ya contaba con instituciones que marcaban el desarrollo de la ciudad, como el Colegio San Diego de Alcalá y la Universidad de Chile. Esta última comenzó la construcción de su Casa Central en 1863, obra iniciada por el arquitecto francés Lucien Hénault y finalizada por Fermín Vivaceta, considerado como el primer arquitecto chileno.
A comienzos del siglo XX, los franciscanos se enfrentaron a un periodo de dificultad económica y un acelerado crecimiento urbano de Santiago. Esto derivó en la demolición de los patios interiores del convento de San Francisco y posterior venta de parte de sus terrenos en 1913, lo que permitió el trazado de nuevas calles y la conformación del actual Barrio París-Londres.
En 1920, los arquitectos Ernesto Holzmann, padre e hijo, diseñaron la manzana residencial que dio origen definitivo al barrio. El proyecto, cuidadosamente planificado, se levantó sobre los antiguos terrenos franciscanos y definió un conjunto urbano de calles estrechas, balcones y placas conmemorativas, con influencias arquitectónicas Renacentistas, Tudor, Neoclásicas y detalles Modernistas, que convierten a este barrio en un imperdible para los turistas locales y extranjeros.
El desarrollo del sector quedó a manos de destacados arquitectos nacionales de la época, como Eduardo Knockaert, Ricardo Larraín Bravo y Alberto Cruz Montt, quienes proyectaron varios de los edificios y residencias que, aún hoy, se conservan.
Knockaert diseñó viviendas como Londres 49, Londres 54 y París 840, en las que incluyó novedosos atisbos de modernismo. A Larraín Bravo se le debe la construcción de las casas de Londres 25, 27, 37, 38, 61-63, integrando mosaicos, rejas de fierro forjado y elementos ornamentales, otorgando estética e identidad al trazado del barrio. Por su parte, Cruz Montt dejó su huella en inmuebles como el de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, mismo edificio en el que se encuentra la sede de nuestra corporación.
Calle Londres 25-27. Año 1924.
Arquitecto Ricardo Larraín Bravo | Archivo CENFOTO-UDP, Fondo Ricardo Larraín Bravo
Londres 65. Año 1924.
Arquitecto Ricardo Larraín Bravo
Archivo CENFOTO-UDP, Fondo Ricardo Larraín Bravo
Durante el siglo XX, París-Londres siguió transformándose. En 1982, el barrio fue declarado Zona Típica, protegiendo su arquitectura única y su historia dentro del centro de Santiago. Al mismo tiempo, se fueron instalando instituciones como el Centro Cultural CEINA, el Centro Arte Alameda, la Casa de Nemesio Antúnez, el espacio memorial de Londres 38 y el recién inaugurado Espacio Londres, espacios que buscan ampliar el rol cultural del barrio.
En 1992 se realizó una remodelación en el barrio gracias a aportes de la Municipalidad de Santiago, la Corporación para el Desarrollo de Santiago, y vecinos del sector, incluidos los propietarios de hoteles como Fundador, Plaza San Francisco y Las Vegas. El proyecto incluyó pavimentación, iluminación, arborización, pintura de fachadas y rehabilitación de viviendas, que convirtieron el espacio en un “centro cultural, de servicio y turismo”.
Sin embargo, el barrio y sus alrededores no es solo una postal patrimonial. En su historia destacan hitos y monumentos conmemorativos como el ensanchamiento de la Alameda —acontecimiento que inspiró el conflicto central de la obra “La Pérgola de las Flores”, de la dramaturga chilena Isidora Aguirre—, el desaparecido obelisco de la Primera Junta Nacional de Gobierno, y el busto de José Toribio Medina, erigido en honor al bibliógrafo, historiador y académico chileno que aportó a la preservación del patrimonio documental del país, Su donación fue el principal acervo de la Biblioteca Nacional y se encuentra en la quizás, sala más hermosa de la Biblioteca, la Sala Medina.
En la actualidad, París-Londres forma parte de un circuito donde se reúnen instituciones académicas como la Universidad de Chile, el Museo Colonial San Francisco, el Instituto Nacional, CEINA, Espacio Londres, y la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, organizaciones culturales y distintos partidos políticos. Su importancia se extiende a su cercanía con la Alameda, el Barrio Lastarria, el Cerro Santa Lucía y el Barrio Cívico, que refuerzan su conexión con otros puntos de interés del centro de Santiago.
El Barrio París-Londres forma parte de un espacio donde el pasado y el presente conviven día a día. Caminar por sus calles no es solo recorrer Santiago, sino también observar una historia marcada por transformaciones urbanas, visibles en sus espacios, edificios y monumentos.