Cuando los promotores inmobiliarios Ernesto Holzmann y Roberto Araya decidieron construir la Manzana Residencial Modelo —nombre original del actual Barrio París-Londres—, Santiago atravesaba un período de profundas transformaciones políticas, sociales y urbanas. Estos cambios impulsaron la reconversión de numerosas manzanas con el fin de generar nuevas viviendas para la creciente población que comenzaba a llegar a la capital.
En ese contexto surgieron distintas soluciones habitacionales: pasajes residenciales como los cité en barrios como Matta y Yungay, los primeros edificios en altura y también refinados microbarrios. En estos últimos se buscaba fusionar la belleza de la arquitectura con el encanto del confort moderno, representado por adelantos como el alcantarillado, la electricidad, el teléfono, el automóvil, la calefacción, los baños y las cocinas modernas, junto con patios interiores que aseguraban luminosidad y ventilación, así como la moda de las amplias terrazas en las azoteas, que transformaron para siempre la forma como los chilenos habitábamos el espacio privado.
Jugaron un rol esencial en este proceso de renovación la figura de arquitectos e ingenieros que habían recibido una formación profesional en nuestro país, como los egresados de la Universidad de Chile y los primeros alumnos de la Universidad Católica. A ellos se sumaron otros compatriotas que habían viajado a Estados Unidos o a Europa y que, al regresar a Chile, trajeron consigo no solo los últimos avances en tecnología de la construcción, sino también nuevas ideas y enfoques para aplicarlos en nuestras ciudades.
Ernesto Holzmann hijo estuvo a cargo del trazado de la Manzana Residencial Modelo, con el apoyo de su padre y de Roberto Araya. Este proyecto abrió las puertas a otros jóvenes arquitectos, quienes pudieron asumir —en muchos casos por primera vez— la noble tarea de diseñar y construir espacios pensados para la posteridad. Entre ellos figuraban Ricardo González Cortés —autor del célebre Edificio del Seguro Obrero y de otros destacados ejemplos del Art Déco—; la dupla conformada por Alberto Risopatrón y Hernán Rojas Santa María; Arturo Wolleter y Juan Pistono; Jorge Millán; José Alcalde; y Alberto Álamos, quien trabajó paralelamente en la construcción de algunas residencias en otra manzana de características similares: el barrio Concha y Toro.
Pero sin duda, quienes tuvieron una participación más prolífica en el barrio fueron tres arquitectos: Eduardo Knockaert, Ricardo Larraín Bravo y Alberto Cruz Montt. A través de numerosas residencias y edificios, plasmaron su impronta, integrando diversos lenguajes estilísticos que reflejan la transición entre los modelos europeos y la consolidación de una arquitectura moderna en Chile.
Eduardo Knockaert Salgado (1893–1971), arquitecto formado en la Universidad de Chile, desarrolló una carrera vinculada tanto a la planificación urbana —particularmente en Lota— como a la construcción de edificios comerciales y corporativos en el centro de Santiago. En el barrio levantó varias residencias de impronta historicista, transitando por estilos cercanos al neoclásico italiano, el neocolonial, el neogótico y el Tudor. Entre sus obras destaca uno de los inmuebles más icónicos del sector, ubicado en Londres 49, cuya silueta evoca la de un castillo francés, con una alta torre visible desde distintos puntos del barrio.

Ricardo Larraín Bravo (1879–1945), formado en la École Spéciale d’Architecture de París, fue uno de los arquitectos chilenos más influyentes del siglo XX, introduciendo en el país los principios del Higienismo y del urbanismo moderno. En el barrio proyectó edificios de refinada impronta, en los que recorre diversos estilos, aunque con una marcada cercanía a las líneas clásicas y ornamentaciones de gran calidad estética. Entre sus obras destaca la antigua residencia del doctor Croizet, en Londres 25, donde incorpora el copihue como motivo decorativo; así como otros inmuebles que exploran distintos lenguajes, como la casa de Marcos Montt en Londres 27, con su balconaje neocolonial, y la singular casa de Londres 61, donde integró mosaicos, herrerías y ornamentaciones inspiradas en la arquitectura florentina.

Copihues en la casa de Londres 25 – Casa florentina de Londres 61 – Balcón neocolonial en Londres 27. Fotos M. Rojas, 2025.
