En Estados Unidos y Europa experimentó en primera persona la transformación urbana que vivieron las grandes capitales en pos de modernizarse. De vuelta en nuestro país, inició un ambicioso proyecto de transformación de Santiago, con obras tan emblemáticas como la canalización del río Mapocho, la remodelación del cerro Santa Lucía y la apertura del Camino de Cintura; llevadas a cabo mientras ejercía el cargo de Intendente. Aficionado a la historia y político, vivió junto a su mujer Victoria Subercaseaux y su familia en una casa quinta en la avenida que lleva su nombre, hoy transformada en el Museo ciudadano Vicuña Mackenna.
Nacido en una influyente familia, se tituló de abogado en la Universidad de Chile, volcándose desde muy joven a la acción política, convirtiéndose en uno de los más férreos opositores a los gobiernos conservadores, especialmente durante las revoluciones de 1851 y 1858. Como consecuencia, fue encarcelado y posteriormente partió al exilio a Estados Unidos y Europa. Sin saberlo, estos viajes abrieron su interés por las transformaciones culturales y urbanas de las grandes capitales, moldeando una visión moderna sobre el espacio público.
Tras regresar a Chile se concentró en una intensa labor parlamentaria, periodista e historiador, siendo autor de un centenar de libros entre los que destaca Historia de Santiago. En 1867 se casó con Victoria Subercaseaux, una influyente mujer que lo acompañó en sus ideales y proyectos incondicionalmente, con quien tuvo 3 hijas.
En 1872, Vicuña alcanzó la cumbre de su trayectoria al asumir la Intendencia de la capital, iniciando un revolucionario plan modernizador que redefinió la fisonomía de Santiago. Entre sus obras está el Paseo del Cerro Santa Lucía, el proyecto de canalización del río Mapocho y el trazado del Camino de Cintura, actual avenida Vicuña Mackenna.
Murió en 1886, rodeado de su familia y con la admiración de sus contemporáneos.
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Abogado, político, filántropo, fundador del Club del Progreso y de la 5ta Compañía de Bomberos, dedicó gran parte de su vida en apoyar la formación y educación de los más necesitados. Fue Ministro de Obras públicas, Industria y Ferrocarriles durante la presidencia de Ramón Barros Luco; y más tarde ejerció como Alcalde de Santiago, impulsando reformas sanitarias y de modernización urbana, como la inauguración del Matadero Modelo Franklin. Murió en 1916 en su casa quinta de Avenida Vicuña Mackenna 37.
Fue una de las figuras más destacadas del mundo político y filantrópico de fines del siglo XIX. Cursó sus estudios en el Colegio de San Ignacio, el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, donde obtuvo el título de abogado en 1878. Paralelamente a su formación académica, promovió activamente la educación popular como docente en la Escuela Nocturna Benjamín Franklin para obreros y artesanos, labor que más tarde extendió hacia la Sociedad de Escuelas Nocturnas y la Liga Protectora de Estudiantes Pobres, además de integrar en 1873 el grupo fundador de la 5ª Compañía de Bomberos de Santiago.
Durante la Guerra Civil de 1891 se alineó con el bando parlamentario, teniendo una activa participación junto a su hermano Francisco Valdés Vergara, lo que consolidó su carrera política. Más tarde ejerció como Ministro de Obras Públicas, Industria y Ferrocarriles bajo la presidencia de Ramón Barros Luco y como Alcalde de Santiago entre 1913 y 1915. Desde el sillón municipal impulsó reformas de sanidad pública y modernización urbana, inaugurando el nuevo Matadero Modelo en Franklin. Fue también uno de los fundadores del Colegio de Abogados de Chile, y el Club del Progreso, además de columnista en medios como La Lira chilena.
Murió en 1916 en su casa de la avenida Vicuña Mackenna 37, pidiendo un funeral sencillo y que los asistentes no gastaran en coronas de flores, sino que donaran el dinero a los niños pobres protegidos por la parroquia de la Asunción.
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Durante el siglo XIX, numerosas mujeres ejercieron una destacada influencia en la promoción cultural desde el espacio privado del salón. Inés Arrieta de Figueroa fue una de ellas, organizando en su casa quinta - la misma que antes había pertenecido a Benjamín Vicuña Mackenna-, famosas tertulias los días lunes donde se reunió gran parte de la escena política e intelectual de nuestro país. Este espacio sirvió para conectar e impulsar la carrera de virtuosos jóvenes que se iniciaban en la música, la literatura y las bellas artes.
Intelectuales y gran parte de la sociedad santiaguina se trasladaba los días lunes para asistir a las tertulias de doña Inés en su quinta de la Avenida Vicuña Mackenna. La música, las letras, la política y las bellas artes eran temas recurrentes en el salón de esta señora, quien creció en un palacio frente al Teatro Municipal, observando de cerca las tertulias musicales organizadas por su padre, el Ministro Plenipotenciario de Uruguay en Chile, José Arrieta.
En 1884 se casó con Javier Figueroa Larraín -hermano del presidente Emiliano Figueroa- un destacado abogado y miembro del partido liberal, que se desempeñó como parlamentario, juez y posteriormente Presidente de la Corte Suprema. Tuvieron ocho hijos, y algunos años después de casarse, se trasladaron a vivir a la antigua casa quinta que perteneció a Benjamín Vicuña Mackenna; desde donde Figueroa organizó su campaña presidencial en 1915, que perdió ante Juan Luis Sanfuentes por un solo voto.
Inés Arrieta murió en 1930, su marido continuó viviendo en la quinta hasta su muerte en 1945, y dos años después, parte de la propiedad fue expropiada y se levantó el actual Museo Benjamín Vicuña Mackenna.
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