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Historia Plaza Italia

Plaza Italia y el eje Vicuña Mackenna han acompañado por más de 150 años el crecimiento y las transformaciones de Santiago, desde el antiguo Camino de Cintura Oriente hasta la renovada explanada que hoy vuelve a conectar sus parques y habitantes.

En este recorrido conviven la visión urbana de Benjamín Vicuña Mackenna, el aporte de la comunidad italiana, edificios pioneros, parques, teatros, museos, barrios y monumentos. También están las celebraciones y manifestaciones que han convertido este lugar en uno de los principales escenarios de la vida pública del país.

1875 El Camino de cintura Oriente

Durante las primeras décadas de 1870, Santiago experimentaba un crecimiento acelerado y desordenado, en una época donde nuestra capital vivió una expansión más allá del centro urbano que comprendía los alrededores de la Plaza de Armas y la Cañada.

En algunos sectores, especialmente al norte de Santiago, y también hacia Chuchunco (actual Estación Central)  al sur, las viviendas avanzaban sobre las chacras cultivables y los barrios se extendían sin planificación, amenazando con diluir la forma de la capital. Ante este escenario de desborde urbano y bajo una creciente preocupación higienista —asociada a la propagación de epidemias, la insalubridad y el polvo—, el intendente Benjamín Vicuña Mackenna concibió un plan maestro para transformar a Santiago en una urbe moderna.

Entre sus grandes obras —como la canalización del río Mapocho y la remodelación del cerro Santa Lucía—, la propuesta urbanística más ambiciosa fue el Camino de Cintura, plasmada en su célebre ensayo “Lo que es la capital y lo que debería ser”, pronunciado ante la Municipalidad de Santiago al cumplirse un año de su gobernanza como Intendente en mayo de 1873.


Más que una simple delimitación territorial, el Camino de Cintura se concibió como un anillo perimetral, sanitario y ecológico diseñado para rodear la ciudad con avenidas arboladas y quintas. Buscaba establecer una frontera clara entre la ciudad consolidada y los sectores periféricos, alejando las industrias del núcleo urbano, mejorando la conectividad y conteniendo el avance de las pestes asociadas a las periferias. Se introdujo  el moderno concepto de Higienismo que el propio Vicuña Mackenna había presenciado en su estadía en Europa, donde le tocó ver planes urbanísticos trascendentales como la remodelación de París bajo el Barón Haussmann. 

Su trazado teórico recorrería los cuatro puntos cardinales de Santiago: las actuales avenidas Matucana, Exposición y Blanco Encalada por el poniente, Avenida Matta por el sur, el canalizado río Mapocho por el norte y la llamada Avenida Oriente hacia el cordón precordillerano. Sin embargo, la falta de fondos fue un problema constante, ante lo cual Vicuña Mackenna apeló a  la buena voluntad de los ciudadanos, encontrando acogida en algunos vecinos quienes donaron parte de sus terrenos para abrir las nuevas avenidas. Destacan las hermanas Cifuentes o Mercedes Herrera de Arriagada, cuya generosa donación permitió la apertura de la Avenida Oriente entre las actuales avenida Matta y la Plaza Baquedano, convirtiéndose con el tiempo en el vestigio más emblemático de este gran ordenamiento: la Avenida Vicuña Mackenna.

Pese a este apoyo, el elevado costo de las expropiaciones y diversos pleitos judiciales impidieron que la obra se completara en su totalidad, pudiéndose concretar sólo la citada avenida Oriente y el sector sur, con la apertura de la avenidas Matta y Blanco Encalada. 

El loteo de las tierras contiguas a esta Avenida Oriente atrajo rápidamente a familias que buscaban la tranquilidad campestre sin alejarse de la capital. El propio Vicuña Mackenna estableció allí su residencia y la zona se convirtió en un eje urbano poblado por pintorescos chalets habitados por intelectuales, profesionales e ingenieros, entre ellos Adolfo Guerrero, Javier Ángel Figueroa y su mujer Inés Arrieta, Ismael Valdés Vergara, Julio Nieto, y otros personajes.


1910 La creación de la Plaza Italia

El plan de Vicuña Mackenna por conectar Santiago a través del Camino de Cintura y los nuevos terrenos ganados gracias a la canalización del río Mapocho, permitió la creación de una nueva plaza para marcar el límite de la ciudad con las chacras de la periferia oriente, que era en ese entonces, el sector de Providencia.

Una explanada sencilla se bautizó como Plaza La Serena, la que con los años tomó el nombre de Plaza Colón cuando se conmemoró el cuarto centenario del viaje de Cristóbal Colón en 1892.. Esta denominación no duró mucho, pues en 1910, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia, la colonia italiana residente donó la escultura El genio de la libertad, obra del artista ítalo-argentino Roberto Negri que representa a un joven alado con una antorcha guiando a un león. Tras su instalación en el centro del paseo, la denominación se arraigó con tal fuerza que se transformó en el hito de referencia por excelencia para orientar el espacio urbano santiaguino.


El sector ya consolidado, se convirtió  en un espacio de tránsito constante para los habitantes de la ciudad, especialmente para quienes provenían de sectores rurales de los fértiles valles precordilleranos y San José de Maipo, quienes se habían visto directamente beneficiados por la apertura de la vía férrea que conectaba esta zona con la Estación Pirque, un moderno terminal del ferrocarril construido junto a la plaza e inaugurado durante el Centenario. 


En 1923 se decretó la creación de un monumento al general Manuel Baquedano para conmemorar sus acciones en la Guerra del Pacífico, proyecto financiado mediante una colecta pública. El conjunto escultórico —obra de Virginio Arias, con un pedestal diseñado por Gustavo García Postigo, arquitecto de la Biblioteca Nacional— se concluyó cinco años después. Para acoger el monumento en la Plaza Italia, se diseñó una rotonda con nuevos carriles capaces de canalizar el creciente tráfico hacia las nacientes urbanizaciones de Providencia. El Genio de la libertad fue trasladado a un costado y el espacio rebautizado oficialmente como Plaza Baquedano. Pese a la nueva denominación formal y al impacto visual de la estatua ecuestre, el nombre popular de Plaza Italia continuó conviviendo de forma natural en el uso cotidiano. 


Este espacio se afianzó como el escenario más visible de la vida pública capitalina a lo largo de los siglos XX y XXI. Se transformó en un punto de encuentro para celebraciones deportivas, hitos culturales y multitudinarias manifestaciones ciudadanas de diversas épocas. Y hoy inicia una nueva etapa gracias a las transformaciones del proyecto Nueva Alameda, transformando la antigua rotonda en una explanada peatonal integrada a los parques Bustamante, Balmaceda y Forestal, para formar un corredor urbano continuo, accesible y adaptado a los dinamismos de la ciudad contemporánea. 


1945 Consolidación y expansión

Los años que siguieron consolidaron el sector comprendido entre la Plaza Baquedano y la avenida Rancagua, en cuyas veredas convivieron elegantes casas-quinta como la de la familia Schneider Hernández -por muchos años sede del Comité Olímpico e incendiada en 2019-, también el extravagante Palacio Maino (demolido en 1958) y la elegante mansión de la Embajada Argentina, que había pertenecido originalmente a Julio Nieto y luego cedida al estado trasandino, siendo remodelada en 1959 por los arquitectos Alfredo Johnson y Carlos Feureisen.

A medida que el siglo avanzó, la avenida presentó novedosas formas de densificación urbana de la mano de algunas urbanizaciones en torno a pequeñas calles como fue el Pasaje Livingstone -un conjunto de viviendas historicistas diseñado en 1929 por el arquitecto Alberto Risopatrón-, la calle Eulogia Sánchez con sus casas de estilo modernista, la calle Almirante Simpson colmada de interesantes fachadas de corte vanguardista y Art Déco, destacando la antigua casa construida por el arquitecto Julio Machicao, actual sede de la Sociedad de Escritores. Así como también la calle Viña del Mar, otro conjunto habitacional compuesto por 18 casas, siendo la más destacable la que enfrenta la avenida Vicuña Mackenna conocida como la Casa de las Gárgolas, diseñada en estilo neogótico por el arquitecto Eduardo Costabal,  sede por muchos años del Consejo de Monumentos Nacionales.


Con el paso de las décadas, la vocación del barrio se diversificó e integró hitos fundamentales para el conocimiento y la densificación urbana; por un lado, la instalación de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile aportó un dinamismo académico e intelectual vibrante. Sin embargo, el símbolo más representativo de los nuevos tiempos que vivió esta calle fue la construcción de los Edificios Turri, encargados por el comerciante porteño Enrique Turri al arquitecto Guillermo Schneider en 1929, toda una proeza de la ingeniería para el Chile de ese entonces, pues representaban por un lado una colosal estructura de 8 pisos, y por otro, proponían una nueva forma de vivir al crear departamentos en un edificio en altura. Su vanguardista estilo Art Déco encarnó la modernización del país y, en su zócalo, dio vida al Teatro Baquedano (posteriormente Teatro Universidad de Chile). El entorno de la plaza se completó con el monumento al presidente José Manuel Balmaceda, obra de Samuel Román que muestra al mandatario enfundado en una túnica al pie de un sobrio obelisco. 


Esta transformación urbana se vio coronada hacia 1945  con la apertura del Parque Bustamante sobre los trazados ferroviarios que dejó la demolición de la antigua Estación Pirque. Fue un hito que no solo dotó al sector de un indispensable pulmón verde y espacio de esparcimiento, sino que unió definitivamente el centro de Santiago con la comuna de Providencia a través de un continuo corredor ambiental. En la cabecera del parque se dispuso un nuevo monumento, dedicado a Manuel Rodríguez, obra de Blanca Merino y fundida por Rómulo Tonti en los talleres de la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile.


1977 La Estación Baquedano

La segunda mitad del siglo XX trajo consigo el último gran impulso de modernización para este punto neurálgico de la capital. En 1977, la inauguración de la Estación Baquedano del Metro de Santiago mejoró considerablemente su conectividad, aumentando el valor de esta zona para el desarrollo en altura.

Ejemplo de esta época es el Edificio Baquedano, proyectado por la constructora DESCO junto al reconocido colectivo de arquitectos Larraín, Covarrubias, Swinburn, Bolton, Prieto y Lorca. Levantado tras la demolición del antiguo Portal Nieto, este inmueble simbolizó el avance del lenguaje moderno hacia el casco histórico, en sintonía con obras como Remodelación San Borja y la proliferación de torres por toda la urbe.

El lenguaje moderno ya se había apropiado de la avenida Vicuña Mackenna algunos años antes. En 1957, el sector había recibido un impulso cultural gracias a la inauguración del Museo Histórico Benjamín Vicuña Mackenna, concebido para resguardar el legado del célebre intendente e historiador alrededor de su propio pabellón-biblioteca, único vestigio de su antigua casa quinta. Algunos años más tarde, en 1963, se sumó la apertura del vanguardista cuartel de la Tercera Compañía de Bomberos en la esquina con Rancagua —unidad que el propio Vicuña Mackenna había dirigido casi un siglo atrás—. Y de ese modo, con esta renovación urbana llegaron una variedad de nuevos residentes, entre los que destaca el artista y pionero del vitrinismo en Chile, Rudi Haymann, quien a sus 101 años continúa habitando el sector como testigo vivo de la memoria de este emblemático barrio capitalino.


HOY

Hacia 1996 el sector se convierte en el centro de la innovación arquitectónica y de ingeniería de nuestro país, inaugurando una nueva era de rascacielos con la singular construcción de la torre Telefónica, a cargo de la oficina Iglesis Prat que diseñó una torre con forma de celular.

Hoy puede parecernos curioso, pero en ese momento simbolizó la modernidad de la telefonía, con su estructura de acero y cristal de 143 metros de alto, siendo el edificio más alto de Chile; transformando para siempre el skyline de nuestra capital. 


A estos cambios en el paisaje se sumó, en años recientes, una de las reconversiones culturales más significativas de la capital: la demolición del antiguo edificio de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile para dar paso al Centro de Extensión Artística y Cultural (CEAC). Este complejo de arquitectura contemporánea, fue concebido como el nuevo hogar definitivo para la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Ballet Antumapu, consolidando a la avenida como un epicentro de las artes escénicas y musicales del país; sumándose a otros espacios como el Museo Violeta Parra, la Societá di Mutuo Soccorso Italia e L'Umanitaria Riunite, el Museo ciudadano Vicuña Mackenna, la Embajada Argentina, el café literario Parque Bustamante y el Museo ciudadano Vicuña Mackenna.

El proyecto Nueva Alameda, inaugurado en marzo de 2026, ha marcado un nuevo cambio en el paisaje urbano de este sector, sumando metros de áreas verdes, ciclovías y una nueva forma de habitar la ciudad que recién comienza.

 

Más allá de su nombre y transformaciones, el antiguo Camino de Cintura Oriente y la Plaza Baquedano han sabido adaptarse al movimiento santiaguino. Es un espacio donde la ciudad se expresa, se encuentra y se cruza, un punto donde cada época deja su marca y donde las distintas lecturas del país conviven, a veces en tensión y otras en simple tránsito.


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