En el corazón del barrio Dieciocho, en la intersección de San Ignacio y Padre Alonso de Ovalle, se alza una joya de la arquitectura patrimonial, la Casa Valdés Bustamante, monumento nacional desde 2018 y testigo de más de un siglo de historia urbana.Abrió sus puertas para realizar un recorrido patrimonial organizado por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, en colaboración con su dueña y arquitecta responsable de su restauración, Mabel Briceño.
Construida en 1906 por encargo de Carlos Matte al joven arquitecto Ricardo Larraín Bravo, y adquirida en 1909 por el historiador y político Francisco Valdés Vergara, la casa fue hogar de su familia hasta 1951. Luego casa de renta. Sin embargo, en 1955, una mirada sensible la rescató: el suegro de Mabel Briceño, cautivado por su parecido con las casas donde estudió paisajismo en París, la adquirió por impulso. Ese acto espontáneo marcaría el inicio de una larga historia de cuidado y amor por el patrimonio.
Durante el recorrido, Mabel Briceño —arquitecta, restauradora y propietaria— compartió con los asistentes un relato íntimo y potente: cómo instaló su oficina en el segundo piso mientras trabajaba en Metro, cómo enfrentó los estragos de dos terremotos, una pandemia, el vandalismo, y cómo, contra todo pronóstico, emprendió una restauración profunda y comprometida. Gracias a este proceso, en 2006 su trabajo de restauración de la casa Valdés Bustamante fue reconocido con el Premio Iberoamericano a la Mejor Intervención en Obras sobre el Patrimonio Edificado, otorgado por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) Argentina.
Actualmente, la casa busca no sólo preservar su arquitectura de estilo ecléctico neogótico, sino también rendir homenaje a su autor, Ricardo Larraín Bravo, quien con tan solo 26 años diseñó esta casa inspirado en el Palacio de los Príncipes-Obispos de Lieja de Bélgica. Este espacio busca reconocer el legado del autor de obras emblemáticas como la Población Huemul, la Caja de Crédito Prendario y el Barrio París-Londres.
La Casa Valdés Bustamante se alza hoy como símbolo de restauración, belleza y dedicación, y como una invitación abierta a mirar, valorar y habitar con orgullo el legado arquitectónico de nuestra ciudad.