PATRIMONIO DE LAS ARTES VISUALES: JUAN FRANCISCO GONZÁLEZ, RENOVACIÓN Y EXPERIMENTACIÓN

 

Por Gustavo Olave Dervis, Licenciado en Historia y Teoría del Arte

El siglo XIX fue una época crucial para el desarrollo de las artes en nuestro país. Los intensos cambios políticos y económicos transformaron a Chile en una nación en movimiento, capaz de competir con otros estados de la región y le permitió a pintores y escultores por igual, ampliar sus horizontes estéticos y adoptar técnicas importadas directamente del Viejo Continente. Artistas de la talla de Alfredo Helsby o las hermanas Mira, incorporaron elementos visuales europeos a sus lienzos, creando de esta forma obras rebosantes de originalidad y corriendo interesantes riesgos a nivel visual. Aún más osado fue Juan Francisco González, quien, alejado del anquilosado academicismo imperante, construyó, mediante colores intensos y trazos sueltos, un corpus artístico que lo consagró como uno de los más grandes genios de la pintura nacional y un verdadero renovador de la misma.

Juan Francisco González nació el 25 de septiembre del año 1853, perteneciendo a una modesta familia de clase media cuya casa en Recoleta compartía con nueve hermanos. Su infancia transcurrió felizmente, siendo descrito el futuro pintor como un niño activo y muy travieso. Desde pequeño manifestó aptitudes para la pintura y sus padres, viendo el incipiente talento de su hijo, lo inscriben en el taller de Manuel Tapia, quien luego sería relevado por el consagrado artista Pedro Lira. Un tiempo después ingresa en la Academia de Pintura al mismo tiempo que cursa sus estudios en el Instituto Nacional. Con más años encima Juan Francisco recibe encargos, los cuales le permiten mantenerse económicamente.

Siendo aún muy joven, Juan Francisco González inicia una relación amorosa con Rosario Guzmán, una mujer casada junto a la cual viaja a Perú sólo para volver unos años después a Chile, instalándose el artista en La Serena. Allí recibe el mecenazgo de Pedro Pablo Muñoz, un acaudalado serenense quien le permite quedarse en su casa. A la muerte de su benefactor Juan Francisco viaja a Valparaíso donde se reencuentra con su amada y su pequeña hija, Laura Arauco.

Es en esta ciudad donde el pintor define su estilo, cambiando los retratos por paisajes, tanto rurales como urbanos. Se aleja de los estudios para pintar al aire libre y se decanta por ocupar soportes inusuales como cartón, madera y latón. En 1887 la pareja se separa, volviendo su esposa a Santiago, con los hijos de su anterior matrimonio.

El mismo año de su separación el artista viaja a París, con el fin de perfeccionar su estilo, experimentar el efervescente ambiente cultural de la ciudad y ver las obras de los grandes maestros europeos. Luego de una estancia sumamente prolífica, Juan Francisco González regresa a su patria y se asienta en Limache donde se decanta por un estilo pictórico cercano al impresionismo. Es por esta época que González se casa con Filomena Ramírez, una viuda. A pesar de las numerosas críticas de ciertos sectores artísticos conservadores, el pintor recibe el apoyo de muchos de sus pares y obtiene un modesto éxito en diversos salones y concursos.

Poco tiempo después González se traslada nuevamente a París, ciudad en la cual lleva una vida precaria. Con el poco dinero que obtiene de la venta de sus cuadros viaja a España e Italia, regresa a Limache y vuelve a dirigir sus pasos fuera del país, hacia Perú y Bolivia. En 1902 muere su esposa y la ya debilitada situación financiera se vuelve inestable, lo cual no le impide seguir pintando frenéticamente. Luego de pasar otra temporada en Europa el pintor se casa con Elena Marín Mujica, a quien había conocido algunos años atrás.
Fruto de su amistad con los artistas Pedro Lira y Álvarez de Sotomayor, González empieza a ejercer la docencia, labor que produce una gran impresión en sus alumnos, quienes ven con buenos ojos la visión estética de su profesor y la aplican a sus propias obras. En 1911 el artista se muda con su familia a una casa en las cercanías de Pajaritos en la cual no faltaban las reuniones con amigos y las largas charlas acerca de arte.

En 1920 su salud empieza a decaer. Con el fin de restablecer sus fuerzas se traslada a Melipilla, cuyo clima no es suficiente para aliviar sus dolencias, por lo que regresa a Santiago. Juan Francisco González muere el 4 de marzo de 1933, a los 79 años.
Juan Francisco González fue uno de los mejores y más talentosos pintores chilenos del siglo XIX y su estilo ejerció una enorme influencia en prácticamente cualquier artista novato que descubriera su obra. Aún hoy en día su trabajo pictórico sigue un punto de referencia y un hito insoslayable del arte nacional.

Galería de imágenes


CAMPÁNULAS Óleo sobre tela 31 x 46 cm Museo O'Higginiano y de Bellas Artes de Talca, Talca, Chile.
CAMPÁNULAS Óleo sobre tela 31 x 46 cm Museo O'Higginiano y de Bellas Artes de Talca, Talca, Chile.
EL MORRO Óleo sobre tela 28 x 31 cm Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile
EL MORRO Óleo sobre tela 28 x 31 cm Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile
CABEZA DE ESTUDIO, MARIANA Óleo sobre tela 42 x 35 cm Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
CABEZA DE ESTUDIO, MARIANA Óleo sobre tela 42 x 35 cm Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.